Ir al contenido
  1. Bit√°cora/
  2. Reflexiones/

Reflexiones en los 40+1: el eco de un grito

·7 mins

En esta fecha, el a√Īo pasado cumpl√≠ 40.

No escrib√≠ nada en esa ocasi√≥n. No es que haya estado deprimido o en alg√ļn tipo de crisis de media vida (aunque la negaci√≥n podr√≠a ser un s√≠ntoma de dicha crisis). M√°s bien estaba focalizado en el emprendimiento que iniciamos con mi esposa, Daniela Pajarito. Me refiero a nuestra editorial Trazos de Aves. En ese entonces est√°bamos finalizando la edici√≥n de nuestras primeras obras. Al mismo tiempo, todav√≠a estaba (y a√ļn sigo) interpretando qu√© significa para m√≠ el haber recibido mi diagn√≥stico de autismo. Y a eso se suma que estaba en mi primer semestre como nuevo profesor en el Departamento de Ciencias de la Computaci√≥n de la Universidad de Chile, mi alma mater.

Así que, en realidad, cumplir 40 fue lo menos especial del 2023.

Pero hoy cumplo 40+1 y creo que es hora de reflexionar, a pesar de que todo lo que mencion√© sobre el a√Īo pasado se mantiene con la misma intensidad: nos ha ido bien con la editorial, puesto que estamos editando los libros que ser√°n publicados el pr√≥ximo a√Īo; este a√Īo hice clases en cuatro cursos, ¬°y ya he graduado a estudiantes! Me hace muy feliz poder contribuir al crecimiento de otras personas. Para eso volv√≠ a la U y para eso me quedar√© por, espero, much√≠simos a√Īos m√°s. Tambi√©n nos visitaron amigues desde Estados Unidos y fuimos a Barcelona por una estad√≠a de investigaci√≥n.

Entonces, ¬Ņpara qu√© escribir esto? Al fin y al cabo, si solo quiero decir que estoy feliz, mejor publico una foto en el mejor lugar para lucir la felicidad, Instagram. Quiz√°s lo haga, de hecho, aunque es posible que nadie me responda. Eso s√≠ tiene relaci√≥n con lo que quiero contar, y con el t√≠tulo de este post.

El t√≠tulo hace referencia a una historia que tiene casi 25 a√Īos, de cuando estudiaba en el Liceo Lastarria. Este liceo es una escuela tradicional de Santiago, uno de los llamados liceos emblem√°ticos, donde solo estudiaban hombres, y donde lo que ahora se conoce como bullying era parte de todos los d√≠as. Me atrevo a decir que el bullying era parte clave de las relaciones entre hombres en la escuela, ya que defin√≠a los grupos de amigos y las relaciones jer√°rquicas entre nosotros. Ciertamente algunos eran m√°s molestos que otros.

Hab√≠a excepciones: no todos ten√≠an un grupo al que pertenecer. Una de ellas era Sebasti√°n, un chico retra√≠do al que le gustaban las matem√°ticas, la estrategia del f√ļtbol y el Islam. Esto √ļltimo defini√≥ su apodo: el musulm√°n. Era un inter√©s que sus compa√Īeros no entend√≠amos, puesto que su familia era cat√≥lica (o eso cre√≠amos). El f√ļtbol le abr√≠a puertas que lo salvaban del acoso en ocasiones, porque sol√≠a ser el director t√©cnico del curso en las pichangas de los recreos o en cualquier tipo de competencia donde estuvi√©semos presentes.

En ese contexto, una de las maneras de evidenciar la jerarqu√≠a (y, por tanto, el poder) es la cantidad de amigos que tiene cada persona. Por eso, a chicos como Sebasti√°n se les sol√≠a enrostrar que no ten√≠an amigos. Sebasti√°n, que era mucho m√°s pragm√°tico que el resto, en un d√≠a que lo estaban acosando, con un grupo a su alrededor burl√°ndose porque no ten√≠a amigos, empuj√≥ al c√≠rculo de ni√Īos que lo manoteaba y les grit√≥: yo no soy amigo de nadie.

En ese momento todos quedamos en silencio, perplejos por la profundidad de su voz rasposa.

Y luego, todos re√≠mos. En ese entonces no ten√≠amos memes, al menos bajo ese nombre, aunque ciertamente el grito se convirti√≥ en otra de las leyendas vocales que se sol√≠an repetir en los recreos. A veces le gritaban a √©l yo no soy amigo de nadie como respuesta a algo, otras veces, se dec√≠a como parte de un lenguaje com√ļn, como una manera de dar por zanjado un asunto que quiz√°s no ten√≠a nada que ver con Sebasti√°n, incluso cuando √©l no estaba presente. El grito (siempre se dec√≠a gritando, o simulando gritar) hab√≠a adquirido un significado propio, inspirado en como Sebasti√°n gan√≥ su discusi√≥n: no es que √©l no tuviera amigos, no es que otros no quisieran ser sus amigos. √Čl, simplemente, no era amigo. No buscaba amistad.

√Čl se cambi√≥ a otro curso dentro del liceo al a√Īo siguiente. No hemos hablado nunca, a pesar de que nos volvimos a encontrar despu√©s en la universidad: √©l tambi√©n hab√≠a entrado a estudiar ingenier√≠a. No le interesaba la computaci√≥n, como a m√≠, sino las matem√°ticas. Por eso solo coincidimos en los pasillos durante los cambios de sala. No nos saludamos. Quiz√°s no me reconoci√≥, ¬Ņpor qu√© habr√≠a de hacerlo? Yo era uno m√°s de los otros. Mi rostro no era importante para √©l, era otra de las sombras que a veces se burlaba, y de quien a veces se burlaban tambi√©n.

¬ŅPor qu√© lo recuerdo tanto, entonces? As√≠ como √©l era fan del f√ļtbol y los n√ļmeros, yo lo era (lo sigo siendo), de las historias. Por eso no olvid√© su grito. Sin embargo, no imagin√© que una an√©cdota escolar se transformar√≠a en algo m√°s.

Desde que recib√≠ mi diagn√≥stico he reinterpretado esta historia. Hoy, es evidente para m√≠ que Sebasti√°n es neurodivergente. Se√Īales t√≠picas como el foco en intereses especiales (quiz√°s el f√ļtbol no era un inter√©s tan especial, pero el Islam s√≠, sobretodo en Chile en esa √©poca), el tener una manera distinta de (no) relacionarse con las dem√°s personas, el no buscar relaciones con las dem√°s personas y centrarse en la relaci√≥n con une misme. Ahora, al pensar en √©l y en su grito, creo que puedo entender un aspecto de mi vida que no quer√≠a comprender. Para ser sincero, a√ļn no lo comprendo.

Me atrevo a decir que entiendo el amor. S√© amar y soy amado. Junto a mi esposa llevamos 19 a√Īos juntes. Si tuviera que caracterizar las √ļltimas dos d√©cadas de mi vida, en los 20 conoc√≠ el amor y en los 30 lo comprend√≠. En los 40 espero que sigamos floreciendo con la Pajarito.

Pero a√ļn no entiendo la amistad cercana.

Pongo √©nfasis en cercana porque tengo amigos y amigas en distintos lugares del mundo, que he conocido en los viajes que hemos realizado. Con esas amistades nos vemos una vez cada tantos a√Īos, y no tenemos las expectativas de vernos m√°s seguido. Cuando coincidimos en un lugar, sea por una conferencia acad√©mica o por otras circunstancias, nos reunimos y esa frase clich√© de sentirnos como si no hubiese pasado tiempo desde la √ļltima vez se vuelve realidad. Quiz√°s es justamente esa falta de expectativas en los dem√°s lo que hace que este tipo de amistad funcione para m√≠.

Con mis amistades en Chile pasa lo contrario: a pesar de tener la oportunidad de verles seguido, siento que cada d√≠a pasa m√°s tiempo entre nosotres, que se agranda la distancia que nos separa. A veces les pregunto c√≥mo est√°n por WhatsApp o contesto sus historias, y, en verdad, casi nadie me responde. Tampoco comentan el contenido que publico. Y qu√© decir de reunirnos f√≠sicamente. Este a√Īo puedo contar con los dedos de una mano cu√°ntas veces me han pedido juntarnos a tomar un caf√©.

Esto no es un reclamo ni un llamado a que me inviten un café (no me negaría ;) ), sino, una reflexión: no es que ya no tenga amigos, quizás, tal como Sebastián, yo tampoco soy amigo de (casi) nadie.

Me he preguntado si alguna vez esas personas fueron amistades o si solo estaba bajo una ilusión donde malinterpreté tener gente conocida. También me he preguntado si realmente manejo los mecanismos sociales para sostener una amistad. Quizás alguien sí me consideró su amigo pero yo no estuve en el momento en que me necesitó, o no dije lo que tenía que decir cuando debí decir algo. He cometido errores también. O, simplemente, las amistades mueren y se separan en las distintas bifurcaciones que toma cada vida.

Eso me gustar√≠a descubrir en esta d√©cada. Cu√°l es mi entramado social, tanto interno como externo. Antes de mi diagn√≥stico, viv√≠ bajo el enga√Īo del enmascaramiento. Pretend√≠a ser una persona com√ļn, y, por tanto, pretend√≠a tener amistades. Y sab√≠a mantener viva esa ilusi√≥n.

Cumpl√≠ 41 y me siento afortunado de compartir un proyecto de vida com√ļn con la Pajarito. Soy neurodivergente y puedo sentir y amar. No necesito m√°s que eso, pero no puedo negar que estoy inmerso en un mundo donde lo que yo necesite no es lo √ļnico que importa. Los zorzales son mon√≥gamos y territoriales, pero a√ļn as√≠ se cobijan en peque√Īas bandadas durante las noches de invierno.

Por eso prefiero 40+1 en vez de 41. Es un nuevo punto de inicio. Ya llevo un a√Īo. Vamos bien.