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Vidas férreas: Relatos de maquinistas ferroviarios de Santiago

Eduardo Cabello Zúñiga

★★★★★ Portada de Vidas férreas: Relatos de maquinistas ferroviarios de Santiago

Encontré este libro por casualidad cuando buscaba un regalo. Al ver sus colores y el dibujo de la Estación Central supe que debía leerlo.

Disfruté la obra porque contiene testimonios de personas que trabajaron en la operación de Ferrocarriles. Desde ayudantes hasta maquinistas: cuentan todos los detalles de su oficio, la carrera funcionaria, lo que vieron y lo que no debieron ver, el auge y caída del tren en Chile. Y la esperanza de su regreso. Todo contado como cuando tu abuelo o abuela recuerda ese pasado que solo puedes imaginar porque ya nada es como antes.

Todo eso es importante para mí. Primero, como investigador en Inteligencia Artificial centrada en las personas, me interesa saber el impacto que tienen los cambios tecnológicos (a veces por progreso, otras veces forzados) en la vida de las personas. Y en ese aspecto, el libro cumple con creces:

La tecnología está de tal suerte que el maquinista tiene que interpretar lo que el vehículo está haciendo, más que poner su talento y sus conocimientos para solucionar los problemas.

Y el segundo es el aspecto familiar. Mi abuelo materno era mecánico de trenes. Yo viví en el barrio San Eugenio que tanto se menciona en este libro. Seguro más de algún testimonio tenía como personaje secundario a mi abuelo. Nunca lo conocí y este libro me permitió saber más de él.

Quizás lo único que no me satisfizo del libro fue que se describe la misma historia que cuento en mi novela: la del tren que se salió de la estación y llegó a la Alameda. Yo la ficcioné, por supuesto, basándome en lo que dice la leyenda familiar: mi abuelo fue una de las personas involucradas en el incidente. Aquí se cuenta lo que pasó desde el punto de vista de quienes se enteraron o incluso vieron la locomotora, pero no se cuenta lo que pasó adentro. Y yo tenía la esperanza de saber más. En fin, le conté a mi mamá sobre esto, y ella me dijo algo que nunca me habían contado en esas onces y almuerzos familiares:

¿Cómo no se les iba a soltar el tren si estaban todos curaos?

Que lindo cuando un libro abre tantas posibilidades.