Laudes
★★★★☆
Fue una sorpresa este libro.
Me interesa el deseo como temática y lo santiaguino (si es que existe tal cosa), y aquí ambas temáticas se desarrollan a borbotones mediante distintos tipos de obsesiones y suciedades. Todo lo que aparece en el libro lo hace desde la suciedad: las máquinas, los entornos, los otros seres vivos, los fluidos (que los hay por montones y no solo humanos, me recordó Historia del ojo), la ropa, las actitudes, las acciones. Este libro usa la inmundicia como recurso narrativo de una manera brillante.
Eso sí, no me convenció del todo la voz narradora. Sentí que constantemente interpretaba la vida de Natanael, diciéndome qué debía pensar de él. También sentí que debía demostrar que tenía conciencia social, y cuando lo hace, insiste, como cuando describe las comunas dormitorio o el flujo de movimiento contrario a la ciudad. Las imágenes sí me parecen precisas, como la del paradero, pero me hizo falta el contraste que mostrase por qué ese paradero que solo era un letrero era símbolo de segregación. En efecto me parece que lo santiaguino está bien plasmado, pero solo desde la misma óptica santiaguina. En ocasiones adquiere un registro más académico que narrativo y eso me pareció matapasiones.
Si bien el libro no toca la religión explícitamente, hay ciertos simbolismos. El título, el nombre del protagonista (un detalle curioso es que el año con más nacimientos en el Registro Civil con el nombre Natanael es 1999) y el final (que no describiré para no dar spoilers). La idea de la escena final me encantó, sobre todo por el paralelo bíblico que tiene, pero me pareció que la descripción perdió el registro inmundo que tenía antes y simplemente se volvió pornográfico.
Laudes fue una sorpresa porque Hambre no lo disfruté realmente. En cambio, esta propuesta me atrapó: lo leí de una sentada y despertó interés por saber más. Sé que el autor seguirá sorprendiendo en el futuro.