La casa de Kyoko
★★★★☆
Mishima se proyecta en múltiples planos y disecta lo que es ser Mishima. Lo hace de manera abstracta: el desarrollo psicológico de los personajes es un no-desarrollo porque lo que buscan no se puede encontrar a menos que sea con la muerte o la destrucción.
Aunque el libro está ambientado en los 50, las luchas interiores de los personajes siguen siendo actuales o pueden reinterpretarse desde el hoy. En particular me impactó el momento del cambio de Shunkichi (el boxeador) a derechista extremo. Esa conversación podría estar sucediendo ahora mismo en Chile, palabra por palabra. De Natsuo (el artista) me identifiqué con la manera de contemplar lo real y de definir lo que significa crear, me pareció que es una manera ad-hoc a la neurodivergencia (sobre todo a mi propio proceso). En Seiichiro (el ejecutivo) encuentro una manera de enfrentarse al desarrollo tecnológico, en particular al de la IA; la escena en la que se conmueve por el tamaño de una máquina monumental es breve y (creo) que refleja el sentimiento actual ante esa máquina “en la nube” que nos enfrenta hoy, donde a ratos pareciera que la única manera de mantenerse cuerdo es el nihilismo (a mi juicio, no lo es; pero no es eso de lo que habla este libro). De Osamu (el actor)… Fue por él que esperé tanto tiempo este libro, luego de ver su historia en la película de Paul Schrader.
Esos personajes son los nodos centrales del libro. Kyoko, la otra protagonista, hace de mediadora entre las relaciones, de cierto modo, es otro tipo de nodo central, un concentrador o hub. Pienso que esta estructura de red es la que permite adentrarse al libro: no te estás moviendo en una estructura tradicional, lineal; sino en una red. No una de intrigas, sino una de introspecciones. En ese aspecto es un libro sumamente matemático. Y como tal, leer La casa de Kyoko fue un proceso recursivo, iterado, lento, denso.
Tantos años esperando por su traducción. ¿Valió la pena? Sí, el libro es maravilloso. La edición, sin embargo, me decepcionó. Tiene demasiados errores ortográficos, tipográficos e incluso de contenido. Por ej., un personaje tiene tres nombres diferentes: Tasuno, Tatsuno, Tastuno; dos de ellos en párrafos contiguos. Hay pasajes que se leen toscos, casi mecánicos, lo que me lleva a preguntarme si hay algo que se perdió en la traducción. Para el prestigio que tiene Alianza y la importancia de esta obra, me parece que quedó al debe.
Ahora bien, es Mishima: Disfruté cada página.